El azúcar es el nuevo tabaco: es la sustancia más perseguida en la actualidad.Productos como la bolera industrial o la comida basura, otrora negocios rentables, están desempeñándose en ventas por culpa en parte de esta caza de brujas.
Comparar el azúcar con las drogas no es algo gratuito. Jordan Gaines Lewis, un estudiante de doctorado en neurociencia de la facultad de medicina de la Universidad de Penn State (Pensilvania, Estados Unidos) explica en un artículo publicado en Mashable que esta sustancia aparentemente inocua actua sobre nuestro cerebro de la misma forma que la cocaína o la heroína.
Comparar el azúcar con las drogas no es algo gratuito. Jordan Gaines Lewis, un estudiante de doctorado en neurociencia de la facultad de medicina de la Universidad de Penn State (Pensilvania, Estados Unidos) explica en un artículo publicado en Mashable que esta sustancia aparentemente inocua actua sobre nuestro cerebro de la misma forma que la cocaína o la heroína.

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Según explica, no tanto como cuando consumimos algo azucarado, sino cuando dejamos de hacerlo por completo, ya que experimentaremos algo parecido al síndrome de abstinencia que padecen los que han abandonado los narcóticos.
Por ejemplo, si mantenemos durante 12 horas a un grupo de ratones sin comida y luego les ofrecemos su comida normal y una cucharada de agua con azúcar, y lo hacemos durante un mes, los animales empezarán a comportarse como drogadictos: después de probar las dos opciones, siempre preferirán el azúcar, y según avancen los días, mostrarán síntomas de depresión y ansiedad hasta que llegue la hora de la alimentación.
Si luego utilizamos esas mismas ratas para un experimento en el que se les suministre cocaína o morfina, se engancharán mucho antes a estas sustancias que las que nunca hayan probado el azúcar.
Como describe Lewis, el azúcar dispara la producción de dopamina en el cerebro y también nuestra actividad neuronal. Pero cuanto más tomamos, nuestro cuerpo se insensibiliza, por lo que debemos aumentar la dosis para conseguir un efecto similar.Exactamente igual que pasa con las drogas.
Además, el azúcar es el alimento favorito del cerebro. Evolutivamente, nuestra cabeza está programada para elegir los alimentos que sean más calóricos en menor dosis. Esto nos era muy útil cuando vivíamos en las cavernas y solo teníamos unos minutos para alimentarnos -y no ser blanco de depredadores- o cuando comíamos una sola vez cada dos días.

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