Cuando el “cero
calorías” se nos va de las manos
La fiebre del running y la vida sana ha
engendrado una serie de productos de consumo tan artificiales como insípidos

Hace no demasiado, debatíamos
abiertamente sobre la nueva moda del running, es decir, la moda de poner miles
de nombres en otros idiomas a una actividad de siempre: salir a correr. El caso
es que ahora, entre tanto programa gastronómico y tanto napalm publicitario en
forma de nuevos talentos culinarios, aparece la fiebre del runner entre los chefs
más reconocidos. De hecho, un hotel de esos que albergan siempre eventos para
empresas, se ha hecho eco de este filon para albergar una carrera en vertical,
es decir, arriba y abajo sin parar. Y aunque el evento en sí tiene su gracia,
con su entrega de premios y su pitanza incluídas, cada vez que un nuevo chef se
une a una de estas actividades, se monta una de estas puestas de largo. La
última, para presentar a los chicos de Arzábal.
La verdad es
que puede molar ver a Paco Roncero o a Dabiz Diverxo haciendo algo diferente a
lo que todo el mundo ve por la tele. Prestigiosos cocineros demostrando que
ellos también se apuntan a la moda del running, a la vida deportiva y a la
alimentación sana. Pero ¿qué pensarán estos prodigios de la cocina de lo que actualmente
se lleva en la alimentación deportiva? ¿realmente saben lo que se come por ahí?
¿conocen la cocina del fitness, los fogones de los nuevos runners, los platos
de la nueva superhealthy people? Estoy seguro de que no, y
posiblemente cuando lean esto se lien a tiros.
Del Mercadona a las tiendas de fitness
Hacer una excursión a una tienda de
vigoréxicos ya no es tan divertido como antes. El postureo del ciclado de
película porno de los 80 ha dado paso a toda una procesión de locos por lo
hipocalórico, cuyo peso siempre es inferior a 70 kilos, que parece que se
cortan el pelo con las tijeras de la cocina, que se inician en el running o el
crossfit porque es lo que hay que hacer si quieres molar y que necesitan
consumir cero calorías para detener el tiempo. La solución a todos sus males,
su ignorancia y su incapacidad para aprender a cocinar está en los alimentos
para vigoréxicos, todo un carnaval de guarradas con sabores artificiales que te
hacen creer que comes cosas sin comer nada. Esto es, sin nutrientes.
Entre las
miles de cosas asquerosas que consumen los adictos al deporte, hay unas cuantas
guarrindongadas que son dignas de mención. El catálogo de los alimentos sin
nutrientes es inmenso, y la posibilidad de comer lo prohibido sin miedo a
engordar es un filón. Las galletas dieron paso a mermeladas fabricadas con
edulcorantes artificiales, colorantes aún más artificiales, y celulosa
microcristalina, un excipiente que se emplea para quitarte el hambre y que no
mueras en el intento. La marcianada más ridícula de todas, es una cerveza con
proteínas, que llaman Nutribeer, que se
comercializa “para deportistas” y que reza que es ideal para después de un crosffit
o unas pesas. Lo que no cuentan es que sabe a pesebre navideño, un horror.
En la OMS se come mucho petróleo
Tengo una amiga, que no es chef pero es
una runner de estas que consumen todo este tipo de locuras. Gracias a ella he
descubierto que puedes disfrutar de unas crudités de verduritas y dipear con
una salsa hecha a base de trozos de soja de textura crujiente y que imitan a
algo parecido al sabor del bacon. Entre sus ingredientes contamos con la goma
xantana, la sucralosa y el padre de todos los males: el benzoato de sodio, tu
gran pesadilla si tienes asma, padeces hipertensión o eres de los que haces
caso a la mitad de estudios ajenos a la OMS que aseguran que es cancerígeno.
Cada uno es libre de pensar lo que quiera.
Pero sin duda
lo más repugnante que puedes encontrar es el aceite de freír hipocalórico. Si lo que
te mola son los fritos, estás de suerte, porque en las tiendas de fitness
puedes encontrar un aceite elaborado a base de parafina y aceite de oliva, con
lo que tiene un 90% menos de calorías. Pero claro, hay que tener estómago para
consumir un aceite que ya en su definición se anuncia como “aceite de origen
mineral”. Y no miente, la parafina es un hidrocarburo que se obtiene del
petróleo y del mismo modo que te la puedes tragar tras freir unas croquetas
vegetales, la puedes emplear para fabricar corchos plásticos, papel carbón y
hasta bujías. Muy sano todo.
Definitivamente si nuestros chefs se
enterasen de lo que comen muchos modernos del fitness/running/crossfit yo creo
que tendríamos fusilamientos del 2 de mayo cada dos por tres. Con tanta voz en
grito por el tema de la carne roja, la procesada, los salazones y la madre del
cordero, nadie se ha parado a pensar por qué no se toca a la industria de lo
que supuestamente es más sano y saludable. Pues señores, lo saludable está en
la dieta mediterránea y no en comer cochinadas sin calorías. La caloría, como
la cana, es bella y se pueden combatir con resignación, con un buen tinte o con
un hábito de vida saludable. Eso lo saben aquí y en la China.
Y si la OMS no ha dicho nada, está bien
claro: Todos son runners y comen petróleo. Yo, no compro.
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